Informe Anual del Director 1996
La Situación de Salud
Mensaje del Director:
gente sana en entornos saludables
Todas las asociaciones nacen por algún bien, porque todo ser humano realiza cada uno de sus actos con miras a lograr algo que, a su modo de ver, es un bien.
Aristóteles
A unque es muy probable que haya versiones modernas del concepto del bien que
podrían diferir del expresado por Aristóteles,
la opinión de que la salud puede encontrarse entre los bienes
creados y nutridos por las asociaciones sigue siendo obviamente una
de nuestras hipótesis de trabajo. Además, la salud en
sí puede llevar a la formación de asociaciones en
entornos particulares que, a su vez, contribuyen a crear otros
bienes igualmente deseables.
El informe que presenté en 1995 se tituló En busca de la equidad, y esa
búsqueda sigue siendo una parte muy importante de nuestro
trabajo. Me propongo mantener siempre presente la importancia de la
equidad y el enfoque panamericano para resolver los principales
problemas de salud de las Américas.
Nuestros
países carecen de igualdad de oportunidades en materia de
salud. Digo esto sin intención de juzgar; más bien,
deseo recalcar la necesidad de definir dónde está la falta
de equidad como primer paso para corregirla. Los promedios
nacionales, que son la norma para notificar datos de salud en las
publicaciones regionales, ocultan las diferencias existentes dentro
de los países. Además, algunas de las técnicas
en vías de elaboración para describir la carga de la
morbilidad, que es un requisito para orientar las intervenciones,
excluyen toda división espacial y dificultan la
corrección de la falta de equidad dentro de los
países.
En 1996 aspiramos a lograr adelantos
metodológicos que nos permitieran señalar con mayor
claridad las diferencias entre los países y dentro de ellos.
Este trabajo procederá de acuerdo con nuestra
cooperación técnica destinada a ampliar la capacidad
de los países de acopiar y analizar datos básicos de
salud. Seguimos mejorando la naturaleza y calidad de nuestros
indicadores básicos de salud porque estimamos que son
absolutamente necesarios para la planificación en el campo de
la salud.
La desigualdad en salud, que realmente
puede ser falta de equidad, no es la única medida de las
diferencias sociales. La diferencia económica en las
Américas es motivo de preocupación constante. Como
sabemos que esa diferencia está estrechamente relacionada con
los índices del estado de salud, se convierte en un asunto de
importancia para todos los sectores. Por medio de asociaciones
quizá sea posible reducir no solo la pobreza, sino
también la falta de equidad.
La
formación de asociaciones en pro de la salud tiene una larga
historia. Tomemos, por ejemplo, la "Asociación para la salud
de los poblados" formada hace unos 150 años para acabar con
el deterioro de la salud pública ocurrido como consecuencia
de la Revolución Industrial en Inglaterra. De esa
asociación de residentes surgió gran parte del enfoque
sanitario de la salud pública, conducente a los muchos
adelantos importantes en materia de salud que precedieron a la
disponibilidad de curas específicas de la enfermedad.
Hoy en día, la formación de asociaciones para la
salud encuentra expresión en actividades como el movimiento
de "ciudades saludables" en Europa y el de "municipios saludables"
en las Américas. Este empeño se concentra en entornos
determinados por sus características geográficas y
políticas que pueden enfocarse en la salud. En esta
Región, el concepto de un entorno que puede ser "saludable"
también se ha extendido a la escuela, al lugar de trabajo y
aun al hogar. La OPS ha promovido la formación de estos
entornos saludables por creer que en su medio pueden encontrar
expresión concreta los principios y postulados básicos
de la promoción de la salud. Nuestra experiencia en las
Américas ha sido satisfactoria, ya que hemos visto a una
comunidad tras otra transformar su medio externo y presentar una de
las primeras regiones donde puede demostrarse el efecto de la
acción comunitaria. Eso ha ido acompañado a menudo de
otras actividades que llevaron a mejorar el estado de salud y a
sentir cada vez más orgullo de ser una colectividad sana. Los
capítulos siguientes incluyen los puntos destacados de la
cooperación técnica de la Organización con los
países en ese sentido.
No obstante, mi
interés en promover la creación de entornos saludables
va más allá de la posibilidad de crear un medio en que
pueda florecer la buena salud individual. Creo que esos entornos nos
presentan una singular oportunidad de formar o conservar capital
social.
El concepto de capital --las existencias de
recursos productivos en poder de organizaciones o individuos-- es lo
que siempre fue, pero ahora se reconoce que hay otros recursos
importantes además de los tradicionales. Serageldin y sus
colegas en el Banco Mundial, por ejemplo, han aplicado el concepto
de capital a varios insumos que contribuyen a formar la riqueza de
las naciones. El capital social se ha agregado al capital natural,
producido y humano que hasta ahora se ha considerado como la base
para generar la riqueza de una nación.
La estricta definición de capital social ha variado algo, como
puede esperarse de un concepto que escasamente tiene 20 años.
Sin embargo, sus características esenciales siguen siendo las
relaciones entre personas y grupos, que pueden ser formales o
informales. La cohesión social surgida de esas relaciones es
el origen de la fuerza motora para varios aspectos de la
acción social. Es importante reconocer que estas relaciones
sociales tienen externalidades (por lo común, consideramos
solo las favorables). Como esas externalidades no pueden
relacionarse directamente con un solo individuo o agente, y este no
puede apropiarse de ellas, existe una tendencia a subinvertir en esa
clase de capital. No obstante, dada su importancia, es indispensable
que el Estado y otros protagonistas internos y externos presten
apoyo para su formación y mantenimiento.
El capital social afectará a la salud de varias formas.
Por una parte, se ha demostrado que el capital social tiene un
efecto positivo en el crecimiento económico: juntos, el
capital humano y el social aportan entre 36% y 67% de la riqueza de
una nación; cuanto mayor sea el grado de desarrollo de un
país, mayor será ese porcentaje. Es probable que el
capital social ayude a mejorar la equidad del mismo modo en que la
formación de capital humano, por medio de la
educación, puede llevar al logro de ese fin. Ya existen
pruebas empíricas del efecto favorable del capital social en
la educación, y yo deduciría que eso también
tendrá repercusiones para la salud.
Propongo la tesis no solo de que la formación de capital
social en varios lugares mejorará la salud en los mismos,
sino de que la coordinación y cooperación con fines de
salud, por su propia naturaleza, favorecerá la
interrelación y cohesión social indispensables para la
formación de capital social. Ya hemos experimentado esto al
ver que las preocupaciones por la salud fomentan el diálogo y
la interacción en situaciones de conflicto: obsérvese
la situación en Centroamérica, donde la salud se
describió realmente como un "puente para la paz".
No obstante, se sabe que el capital social es frágil y que,
si se destruye, suele dejar secuelas de delincuencia,
degradación ambiental y violencia. Ante esos males sociales
que pesan sobre la salud del individuo y de la comunidad, el sector
salud no puede mirar para otro lado.
El hecho de que el capital
social comprenda relaciones entre instituciones, no solo entre
personas, da a la OPS otra razón para lograr que otros
actores de la sociedad civil trabajen en pro de la salud. Su
interacción no solo ayuda a crear capital social, sino que
contribuye a mejorar la salud localmente. Aunque la idea de capital
social y la cuantificación de su efecto en varios aspectos
del desarrollo humano son relativamente nuevos, ya comienza a quedar
claro que el capital social y otras clases similares de capital no
solo son importantes por sí mismos, sino que potencian los
efectos de otras formas de inversión de capital. Por ende, la
formación de capital social mejorará la
producción de capital humano y, a la larga,
beneficiará a la salud.
No basta apenas participar en una actividad para crear capital
social; es preciso también que los participantes se vinculen
y reconozcan su interdependencia. Además, todo acto que sea
esencial y estrictamente individual no crea capital social ni
depende de este. El ser humano nace solo, hasta cierto punto soporta
la enfermedad solo y, por supuesto, muere solo. Pero la salud a la
que aspiramos no se produce sola, y la integridad de los entornos en
que se desarrolle y mantenga depende, en gran medida, del capital
social que podamos crear.
Parte de nuestra responsabilidad nos
obliga a buscar, en el ámbito regional, las asociaciones a
que se refirió Aristóteles en sus escritos,
estimulando la clase de interacción y asociación
panamericanas que produzcan el bien que es la salud. En la esfera
nacional, nos hemos comprometido a promover las actividades
destinadas a mejorar la cohesión social por medio y en pro de
la salud. Esta es una forma de reducir la falta de equidad que
estamos aprendiendo a determinar.
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